¿Adónde van a parar mis rezos?
“¿Adónde van mis rezos?”
Cuántos hijos deben morir
para hacer de mi
aquél que no quiero ser.
Cuántos padres deben penar,
y ¡cuánto lo deben hacer!,
por estos malditos
juegos de la muerte,
por esas malnacidas gentes
que con botas de acero
y pólvora sorda,
hollan nuestros campos
tintando las flores
de lágrimas negras.
Por esos espectros del mal
que amparados en rezos
prensan los racimos
de las vidas por vivir
hasta hacer rezumar
mosto de sangre.
Es la muerte de los dóciles
la vida de los injustos.
Ya están repletos
nuestros jardines
de mariposas quemadas,
-quiénes son ellos, los
de las botas de acero,
para negarles su efímera
muestra de color-.Ya están
nuestras ciudades llenas
de cuerpos muertos,
-quiénes son ellos, los de
los creyentes rezos, para
negarles el pasajero
goce de la vida-.
¡Maldita esa gente,
présagos de la muerte
y malditos sus rezos!
Es la muerte de los dóciles,
la vida de los injustos.
Voy a hacer una caja
con las nubes del cielo
para guardar en ella
el nombre de los muertos
por los que quiero rezar,
pero, los que no tenemos
un dios a quien rezar,
como la piedra o el perro,
¿a quién hay que preguntar
adónde van a parar
nuestros ateos rezos?
Es la muerte de los dóciles,
la vida de los injustos.
Y ante tanto, tanto, horror
ya nada dejo tras de mi,
mi mirada torna ceniza,
mi espalda se curva y
mis pasos ya no resuenan.
Búscame en el camino
sin terminar. Búscame
en el camino por hacer,
ya estoy cansado de vagar
en este eterno ir y venir
en un mundo sin piedad,
un mundo sin un dios
de verdad a quien rezar
y sin saber adónde van
a parar mis rezos.

Orekaria dijo
te escudas
8 Octubre 2005 | 05:04 PM